Estamos aquí

This reading was recorded for Phonodia in Buenos Aires, on the 10th of December 2014.

Read by Ana Arzoumanian on 10 December 2014

Estamos aquí

Estamos aquí,
vos y yo,
y Ozgur no me entiende.
No entiende
que ahora,
que Ahora es mi nombre
que soy las fronteras
de Armenia,
cerca de la antigua capital
de Ani.
Pongo en un braserillo
cierta resina
que produce un olor
al arder.
Con cada movimiento
de vaivén, de adulación,
el incienso
quema más,
con cada movimiento
se entrechocan
las pulseras
que llevo puestas,
al ruido de las cadenas
del brasero.
Ahora.
El turco no entiende.
No me entiende
el campesino
que vive en la casa
en la aldea
de la frontera.
No entiende
cuando le grito
por favor.
Ahora,
yo,
por favor,
me quiero quedar,
¿me puedo quedar,
por favor?
El campesino
me muestra unas fotos
de las ruinas
de Ani.
Me dice,
debajo de las ruinas,
ana djan,
hay muertos,
ana djan,
cadáveres.
Debajo de las ruinas.
Dice: yo;
el campesino dice,
yo hice las excavaciones.
Sobre la mesa
de la casa
de la aldea
hay uvas y manzanas
hay yogur frío como bebida,
hay café y chocolates.
Alrededor de la mesa
tres varones
miran y no hablan.
Solo uno de ellos
cuenta, los otros
miran
con sus caras huesudas,
caucásicas.
Hay dolor en sus ojos verdes,
hay odio dolor odio,
y yo que me llamo Ahora,
que veo a esos hombres huesudos
tan soldados tan hambrientos,
salgo corriendo de la escena,
lloro.
Lloro sin parar
a metros del monasterio, la capilla
de Ani.
De este lado
unos niños
más pobres
que los hombres huesudos
me llevan hasta su escuela.
Aquí, dicen,
aquí nos enseñan a danzar,
y danzan.
Bailan a metros
de las excavaciones
de los muertos,
de los cadáveres.
Sigo hablando y Ozgur
no me entiende.
No entiende
que danzan,
que luego de la clase de baile
me acompañan a otra aula
donde hay fusiles en el escritorio,
fotos de guerrilla y armamentos,
solo están para saber defendernos,
me dicen,
solo porque vivimos en un país
lleno de fronteras.
Ozgur intenta
dibujarme en una servilleta
en una Nueva York sin jazmines,
y yo no sé si es tu lengua
la que siento
dura
como si fuera
el mundo
que entrara por las vísceras.
Miro a Ozgur a los ojos.
Por fin
puedo hablarle,
le cuento:
el 27 de octubre de 1999,
cinco y quince de la tarde,
un grupo armado
entra al Parlamento
y mata
al Primer Ministro,
mata al héroe
de Karabagh,
mata
al comandante de los armenios,
mata
al Sparapet.
Yo veo la imagen
por el televisor.
Todos los noticieros
muestran el descalabro la locura;
debajo de las imágenes
un cartelito:
Armenia.
Y yo
que todavía
no me llamaba Ahora, pienso:
Armenia es real.
Y ahora
que mi nombre es Ahora
consumo a tus futuros niños,
a vos con tu lengua dura,
tu miembro, vos;
mientras Ozgur
no entiende
no me entiende,
que cuando
hacés
estallar en mi cuerpo
la escena de
Sparapet Hayots
cayendo
en medio del Parlamento
cayendo
y las ruinas de Ani
y los campesinos excavando
y los pequeños en la clase de danza
y el aula con los fusiles,
Ozgur,
que yo,
Ozgur, yo

soy armenia.

from Káukasos (Activo Puente editora: Buenos Aires, 2011).

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