No podías volver a tu casa sin comida

This reading was recorded for Phonodia in Buenos Aires, on the 10th of December 2014.

Read by Ana Arzoumanian on 10 December 2014

No podías volver a tu casa sin comida

No podías volver a tu casa sin comida;
mejor era escurrirse, era mejor
esconderse en un lugar cualquiera
y ver la sangre que corría
como el pescuezo de una gallina.
Ver con la sangre
el cacareo del pescuezo de la gallina
como cuando eras chica;
ver ese algo que se frunce, se retuerce
algo que se curva y se arremolina,
una cohorte de males, un ejército
de rabiosas voces deformadas,
y la cabeza como un guante
que se da vuelta
y la sangre que corre, rocía
tu pollera vacía de comida, vacía
de no poder volver.
Entonces, para que no se enteren,
para borrar tu huella,
porque no podías volver sin comida,
lo diré de una vez, abuela,
caminaste ciega
como un equilibrista
haciendo pruebas en la cuerda, ciega,
porque no había nadie, para nada tus pasos
el silencio y el tomar aire en el palco,
para nada esa suerte de púlpito donde medir tus pies,
alzar tu pelo hacia las luces pensando
‘miren qué prueba, observen qué destreza’;
lo diré de una vez, abuela,
el circo está vacío,
ahora soy yo la que recoge
los brillantitos de tu bombacha blanca
que irisaba su cavidad
desde lo bajo.

from El ahogadero (Tsé-tsé: Buenos Aires, 2002).

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