Spanish

entrastocas

en
tras
tocas
las pa
redes de mi laber
into
cable tendido
sobre este precipicio que florece sin red
y expande sus raíces entre los
pies para qué os quiero
que tú plantas en una tierra nu
eva tu voz
es
cisión con un
pasa
do
pasa
tiempo al tiempo
en mi haber
güenza de seguir
pidiéndote paz
y
en
Cía.
luego se apaga el fuego
se vierte todo en un molde
se deja rep
osar no demasiado
en el cajón cariño en el cajón
de los tra
pos(os) sucios
tra
tas de resp
hon
dura a mis carencias
mis miedos (con)sidera(b)les
mis
tras
tornos
tras
tazos
con
tras
tados
ya no son sólo míos
que más
cornadas da el hombre
nuestro de cada día
logos de besugos de mala espi
na
da
más miedo
saber que el miedo es libre y es de to
dos
is aconsejada por los expertos
en el correcto flujo del sis
tema circulatorio
del capital divisas que dividen
mon
ey
mon
a
da
nica
nebbia di teste basse
que nos
cau
tiva
se
nos
in
cau
t
eriza que nos vuelve

nadas
mo
luscos
fuscos
mojigatos escaldados mirando al
red
hedor del canto cotidiano
de la tribu
tación
món
ey makes the world go
round
up the usual suspects
sus
tracción bancaria
de la muela cariada de la espe
culación sobre los beneficios espe
ra
dos
is
que
mia
del
es
que
ma
zón
al
ter
hado
del miriápodo chip sociobacteria
alterrorizado
por la espera de males
largamente anunciados
de males llave en mano
adosados
cerquita de la estación repetidora
un bomboncito vamos no lo du
dé su brazo a tor
cer
o a la izquierdialéctica
del espíritu corporativocacional
de los brazos abiertos
de par en chac-ching inserte otra mon
eda
mon
a
cal
a
vera
cidad monstruormenta
que
me
es
con
de
bajo
de
las sábanas
y ahí es
tás
tras
tan
to
cando
rosa
bañada por tu propio rocío
exu
dado a las llamas del cer
ebro de cauce jondo
que lame mis vaguadas barométricas
arrastrando mi lo
do
lor hasta mis fisuras

dentro de la máquina

dentro de la máquina
la mano
arrastrándose en busca
escarbando en busca
encontrando en las esquinas
la huella de un canto

dentro de la máquina
los hilos invisibles
del ojo y el cerebro
acordonando la zona
el perímetro interno
el útero bicúbico

dentro de la máquina
la voluntad sin voluntad del mecanismo
el giro de cintura
la articulación de la rodilla el codo la palabra

dentro de la máquina
la repetición
la estructura de la angustia
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina

temperatura voz III. navegación

III

navegación
por las arterias del vino emotivo
sin trayecto pero siempre
retorno

sin médula palabras en
otoño
viento cuota de murria de todo itinerario

relámpago
revelando tal presencia pieria
en las tinieblas ásperas del
capricho

qué escalas constituyen ese
viaje
qué dictados sin voz

Estrella fugaz

Aún es pronto, demasiado pronto para el ojo,
pero tarde, muy tarde ya para el pensamiento,
si veloz ilumina
esta árida extensión de la noche,
este manso terreno donde el girasol
se despereza, se astilla, se equivoca.

El susurro del polvo

Me sobreviviréis
sin excepción, objetos:
lámparas, llaves, vasos,
cuartillas, ceniceros,
líneas rectas y curvas
que ajenas dibujáis
mi camino y mi cuerpo.
Y sobreviviréis
también a la memoria
de todos los que un día
poblaran con vosotros
su lengua y sus vitrinas,
su muda arqueología.
Lo que venga después
no habita en las palabras
y puesto que la tierra
reclama cuanto es suyo
-forma, no sentido-
es inútil trataros
como a un testamento.
El bien y el mal
no pasarán de aquí,
ni el frío, ni el infierno.
Sujeto por la percha
de una interrogación
vivir es predicado.
Y por eso os arrastro
más acá del silencio,
mientras cuelgo mi ropa,
usada ya, sin dueño,
en un armario, al fondo,
donde solo se escucha,
como nieve que cae,
lenta, sin viento,
el susurro del polvo.

El jardín de lo que no hay

Como la luz
que es lo que es
porque no cabe

Como las flores
que siempre son
el primer día

O como el aire
lo nunca visto

Despertar
se parece
a cualquier cosa

Como los minerales
la fruta de las piedras

lo breve
esa estridencia
de lo mismo

me pregunto
de qué respiración
será este viento

Será porque te dije
no sé qué
mientras la euforia en flor
disimulaba
la falta de tema

y la tarde
como siempre
de algún modo lo balbuce
todavía

O será que me gustas
porque sí
y por otros motivos
que las piedras

callan
y las aguas

llevan
al crecer

que es redundar

Como las flores

Como la luz
que no cabía

me pregunto
si alguna vez
hemos sido

esas cosas humanas
irrepetibles

Sobre el amor

Hay en las piedras de este paisaje amarillento
estrellas que cayeron cuando tú no existías
aún. Las estoy viendo brillar, enrojecidas
por el sol del ocaso, muy lejos de tus ojos.

Estrellas que pesaban mucho más que la noche.
Fragmentos de constelaciones que no tuvieron
nombre y que reúno fugazmente en mi memoria,
como una gota de agua derramada en la arena,

antes de que la noche los vuelva inencontrables.
Lo sé, es vano este trabajo, es pretender
la plenitud del ave partiendo de una sola
pluma, el universo trazando torpes líneas

que van a dar a ti, estrella nunca sida.
Sé bien que es imposible imaginar el centro
de tanta gravedad desparramada, de tanta
periferia indiferente a su desposesión.

Algún día, el suelo que ahora te sostiene
vagará hecho pedazos a través del vacío
hasta depositarse en un suelo semejante.
Tus huellas llegarán más lejos que tus pasos.

Puede entonces que alguien de aspecto insignificante
abrigue entre sus manos un trémulo cristal,
un oscuro latido, el brillo inabarcable
de lo que en otro tiempo fue tu corazón.

Y una sola piedra le daría sentido a un mundo
que ya te estará amando sin saberlo, un mundo
erguido frente al centro y frente al caos.
Si no estoy a tu lado cuando el sol se anuncie

recorre sus caminos sin temor, descalza.
Si he perdido mi tiempo en los alrededores,
la voz en cada obstáculo que piso
lo he hecho únicamente para evitar que caigas.

Laguna

Y el ángel dijo entonces: te enseñaré qué pintan ahora los maestros antiguos. Y me llevó a otra sala, y me mostró un paisaje: una laguna de aguas verdiazules, con huellas de un naufragio, y una multitud en cada orilla.
Quiénes son, pregunté; por qué lloran.
Los que nacieron en el siglo de la muerte de la muerte, respondió; los que ya nunca podrán cruzar al otro lado.

Nuestros nombres

Ahora

imagina que fuésemos capaces de renunciar a cualquier ilusión, incluso a la de ser inmunes a las ilusiones.

Que callamos, y al callar descubrimos que el silencio también lo disfraza todo.

Que todo lo que existe tiene un nombre para cada cosa que existe y existimos, porque las cosas saben cada nombre

que cada una de ellas nos ha dado. Imagina

que al pronunciar un nombre, una sola palabra, recordásemos

lo que las olas insinúan, con sus innumerables lenguas, a los peces reunidos en la luz de los últimos reflejos, como oscuras sinapsis extraviadas

esta tarde de marzo: que nosotros también fuimos dichos, que nada de lo dicho pertenece a quienes administran las palabras, que verdad

es lo que no se puede poseer y por tanto, somos verdad ahora, al decir nuestros nombres como las cosas los dicen, sabiendo

que callar es poco hospitalario con los que ya no tienen qué decir.

Imagina que fuésemos capaces

de encontrarnos en lenguas que no han nacido aún, que nuestra larga canción de despedida naciese en realidad de un miedo más profundo

el de la permanencia, de donde las palabras nacen.

Que todo nacimiento es un perdón.

Mirar como se miran las cosas entre sí.

O este amor animal del que volvemos, sabiendo que no hemos perdido el mundo pero sospechando

que nunca merecimos su belleza.