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Pieza de Giacometti

(Museo de Arte Moderno Louisiana,
Humlebaek, Dinamarca)

La sala es
premeditada-
mente
estrecha.
Estrechos son
también
los hombros
de la figura andante.
Hay un punto
de fuga
y allí está,
vertical.
Desde ese punto
tan lejano
parte
su perpetuo
primer y suspensivo
paso. Avanza y
no avanza.
Tristeza
decidida,
humana
determinación,
no se sabe
hacia dónde.

Delante tiene
el hueco:
la arquitectura
construyó
vacío
para que puedan ver
la pena espesa
de su invisible
marcha
los visitantes,
los inquiridores.
Detrás, una pared
acristalada
se abre a un brazo
de mar
y a un jardín
que dispensa
el húmedo verdor

de Escandinavia.

El hombre
de rugoso bronce
da la espalda
a esas cosas
y
mira
únicamente
al hueco.
Tener que transitarlo
nos desorienta
a ambos, él
en su aire
de arte,
yo
en mi respiración
de aire
en el aire.

Cuando decido
no moverme,
el vacío
intermedio
se transforma
en un túnel
de luz
fortalecida.
Así
florece
la escultura
al fin,
desconsolada,
fértil.
Ya es una enjuta
flor
en el espacio,
ya sólo estamos
la escultura
y yo.

La arboleda
y el mar
han adquirido
tonos
de gran
indiferencia.
Son los matices
del verde
desterrado.

Línea recta

Un axioma banal en el momento exacto:
la distancia más corta entre dos puntos
es una línea recta.
----------------------Cruzaría el jardín
en vez de rodearlo; con apresuramiento,
guiaría mis pasos entre los ordenados
setos, para llegar al lugar de mi cita
puntualmente.

Fue una opción razonable tomada de improviso
bajo la razonable luz de junio.
No perder tiempo,
mostrar indiferencia ante un jardín,
no atender la llamada de su belleza estática,
ésa era la intención -entonces puro impulso-
que ahora reconozco.

Qué difícil resulta, sin embargo,
que los ojos no miren
y la memoria olvide su costumbre.
Había estatuas blancas de piedra cuarteada
y humilde, lo recuerdo,
dulces diosas sin nombre,
ninfas del agua espiadas por un sucio dragón
sofocado en la yedra,
y había rosas, blancas o amarillas,
y sombras que ahora es grato poner junto a las rosas,
y escuchaba la estúpida insistencia
de las tórtolas, altas, en las ramas,
y una obviedad valiosa se adueñaba de todo.

Otra regla infalible se cumplía,
otro axioma banal con el que no contamos
pero que fija el mundo y nos lo da:
la mente no recorre ninguna línea recta.

Frente a un espigón

El mar, la extraña balsa.

Entre verde muy turbio que fue azul
-inmenso cielo digerido- sobresalen
los bloques de granito, y pugnan sus aristas
contra la somnolencia de esta hora
fermentada y caliente.

Hombres borrosos lanzan
o recogen anzuelos.
Prueban la suerte de extraer
criaturas que brillan un segundo, convulsas.

Yo extraigo, en cambio,
con sedal deductivo, la encalmada tensión,
el alma hipnotizada de esos hombres sentados.

Pescar parece triste. Ver pescar
es detenerse en un silencio de otros,
es triste, es no pertenecer.
Desde aquí, esas figuras, con camisas abiertas
y sombras en la cara, están formando parte.
Formar parte es más puro que pensar.

Hay un constante pez, un pez-concepto
nadando en mi cabeza. Entra al cebo,
lo muerde con la contemplación. Tiro
de él.
--------Cómo destellan sus costados.
Es luz, toda esta luz, la extraña cúpula.

El obstáculo

Reina una luz unánime que iguala
a todo ser, al darle a cada uno
su cantidad exacta de presencia:
aquí la arena tibia, allí la espuma;
más allá el horizonte
(un más allá imposible pero cierto);
a este lado las cañas, verticales,
como trazos sagrados;
y al fondo las colinas, abrasándose
de tanta claridad.

Al principio parece
que este esplendor del día lo confirma:
el que busca secretos no sabe ver las cosas;
nada está oculto; todo se explica en su contorno.

Y sin embargo, basta
con retornar, aun levemente, a la niebla pura
que son los pensamientos
para que tanta luz desafiante
abdique en la conciencia,
y cuanto era en los ojos bendita precisión
-flor que es flor, rosa suficiente y firme-
adquiera nuevo rostro, una máscara
que lo hace incompresible pero idéntico,
como un animal doble que segrega
su propia ocultación
y confunde su cuerpo con su cuerpo,
desdibuja los límites, las formas, las razones,
y acaba pareciéndose a sí mismo,
inmaculado y obvio.

Escucho palpitar un corazón sombrío
bajo el radiante obstáculo de su piel clamorosa.

Momento no es nunca

Momento no es nunca
de recordar suspiros
colgados de cuerdas de aliento
como viento derramado
entre blandos montes.
Sencillamente, momento no es
de memorar ausencias.

Quizá

Quizá
viva otra yo
al otro lado
del sueño.
Quizá
sueñe lo que yo vivo,
viva lo que yo sueño.

Quizá
seamos almas
de doble filo.

Guardo en la caja fuerte

Guardo en la caja fuerte
ámbar con hombres,
sudor en escarcha,
idiomas del tacto,
recortes de voz,
olor a sirena
------------------varada,
y litros y litros
------------------y litros
de relojes de Dalí.

Miro

Miro
tus ojos asombrados a los míos.

Te he mirado tantas veces
que te amo,
----------------te odio,
----------------te ignoro.

No sé quién
----------------ni qué
ni por qué
----------------ni dónde
ni cuándo
----------------ni cómo
eres.

"¿Eres?" te pregunto.
"¿Eres?" me respondes.

Te miro,
--------------me miras,
nos miramos.

-----------------Me miro.

Hice un pacto. Acepté

Hice un pacto. Acepté
que la memoria
fuera una mariposa azul
ligeramente venenosa.
Acepté la insatisfacción
de anhelar hacia atrás,
hacia el recuerdo
intermitentemente nítido.
Acepté la ausencia de ausencia,
los nudos del tiempo,
los agujeros de gusano...
Incluso acepté seguir viva
herida de alma blanca.

Todo,
todo lo acepté
para ganar
la libertad de lágrima.