1976

Mar

Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de mesana
de este lecho flotante entre ataúd y tina.
Cuando cierro los ojos se me cubren de escamas.

Cuando cierro los ojos, el viento del Estrecho
pone olor de Guinea en la ropa mojada,
pone sal en un cesto de flores y racimos
de uvas verdes y negras encima de mi almohada,
pone henchido el insomnio, y en un larguero entonces
me siento con mi sueño a ver pasar el agua.

San Juan

Junio, jacarandá azul que ya me dejas,
llévame de la mano al fuego del solsticio
con candelas que salte mientras se extiende el trébol
y me persuade un mar que belleza asegura.
Inciertas margaritas mullen el campo a golpes
y el fruto de la higuera estalla en leche y miel.

La vida me recorre, hoy, ayer y mañana,
con rapidez sin tregua y no suspenso giro.
El tiempo, el tiempo siempre: el tiempo, el tiempo, el tiempo:
saltaré mientras dure la comba de las horas.
Mi salteador, el tiempo. ¡Oh, sujetadme a un tronco,
sujetad este pie, sujetad esta noche!

Dejadme

Dejadme como cuando nací desnuda y sola,
vacía de palabras, solo aire en el pecho,
y en mis venas corrían los cursos de un arroyo.
Que vuelvan a su origen los gestos usuales
y que al abrir mis ojos solo penetre en ellos
un punto de luz pura.
Que por la enredadera de las horas se pierdan
mi memoria y mi nombre. Que el tacto de las rosas
me abandone en la tarde, y en la humedad del alba
retorne nuevamente al olor de las juncias.

Dejad que sin zapatos siga andando y regrese
de muy lejos al pecho caliente de mi madre.

Ofelia

Recorreré los bosques, escucharé el reclamo
en celo de alondra, me llegaré a los ríos
y escogeré las piedras que blanquean sus cauces.
--------------------------------Al pie de la araucaria
descansaré un momento y encontraré en su tronco
un apoyo más suave que todas las razones.

Prendida de sus ramas dejaré una corona
y el agua por mil veces repetirá su imagen.
Adornará mi pelo la flor del rododendro,
inventaré canciones distintas de las mías
y cubriré mi cuerpo de lirios y amarilis
por si el frescor imprime templanza a mi locura.

Marta y María

Una cosa, amor mío, me será imprescindible
para estar reclinada a tu vera en el suelo:
que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
que tu mirada colme mi pecho de ternura
y enajenada toda no encuentre otro motivo
de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas.
De poco o nada sirven, fuera de tus razones,
la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto.
Eres todo mi ocio:
qué importa que mi hermana o los demás murmuren,
si en mi defensa sales, ya que solo amor cuenta.

El conde D.

Cada noche te espero desde antes de acostarme,
y cuando sobrevienes, agregada presencia
a mi quehacer, pareja de topacios que rompe
contra la piedra azul serena de los míos,
dócilmente interrumpo mi sueño y, pues prefieres
las sombras, me levanto y cierro las cortinas.
Ya puedes reclinar tu cabeza en mi hombro
y aposentar tus dientes con su sed en mi aorta,
boa de Transilvania que me cercase el cuello.
El mosto de la muerte con su empacho te alienta.
Me voy quedando fría en tanto que amanece
y sorbes acremente mi paz a borbotones.

10.10.76