1999

Pasos sobre el papel

A Luis María Ansón

Hoy todas las palabras me vinieron a ver.
Iban todas vestidas y yo las desnudé.
Tenían agua dentro y yo se la quité.
Bebí toda su agua y me quedó su sed.
No me quedó su habla: me quedó su mudez.

Hoy todas las palabras me vinieron a ver.
Todas iban vestidas y yo las desnudé.
Ni debajo ni dentro había ningún ser
sino un lento perfume de luz sobre su piel:
un líquido contacto de tinta y de papel.

Nada más. Eso es todo lo que recuerdo ver.
Recuerdo las palabras: eran una mujer,
una luz, un perfume, una tinta, una piel.
Oigo pasos que vuelven y vuelven a volver.
No existen: vuelven sólo e insisten otra vez.

Las palabras son pasos dados sobre el papel
hacia nosotros mismos pero con otra piel.
Ellas y nosotros formamos un vaivén
en el tiempo que dura nuestro yo en otro quien.

En las palabras vive lo que vivió una vez
aunque nunca lo mismo tenga segunda vez.

Dios en la biblioteca

A Carmen y Fernando Rodríguez Lafuente

Este despacho de papel vencido
y esta luz de la tarde y estos libros
me producen -como las manos
de quienes los consultan-
una mezcla de lástima, curiosidad y horror,
pero me invitan también
a un muy breve momento de entusiasmo,
que me remite a un tiempo
en que quiero pensar que fui feliz.
Vivir era ligero: sin escorzos de niebla
y los días pasaban sin su dificultad.
Qué sostenía aquello nunca podré saberlo,
como tampoco puedo saber por qué no está.
El suyo es un placer que se inicia en su pérdida
y que sólo en la angustia se nos da.
Florece en el dolor toda belleza
pero no se transforma: produce otro dolor
cada vez más distinto y, en el recuerdo, igual.
Algunos lo llaman madurez, aunque nada madura
y todo se resiente, se erosiona, se quiebra,
incluidos nosotros,
que ya no somos ni siquiera dolor
y que duramos sólo a inercia del instinto
y nos sobrevivimos a nosotros mismos
como un caleidoscopio que forma sus figuras
con cada vez más breves fragmentos de cristal,
a fuerza de palabras.
A fuerza de palabras estoy viviendo en mí
mientras leo el paisaje de esta mañana muerta
como todos los que estamos aquí,
en esta Universidad, en este país,
en este siglo, en esta biblioteca.
En esta biblioteca donde quiero creer que fui feliz,
donde acaso lo fui, donde tal vez lo he sido,
donde quizá todavía lo soy, donde lo estoy siendo
mientras escribo este poema que quiero creer
que dice algo de mí - no mucho: lo suficiente sólo
para que parezca que tampoco he vivido. Pero he vivido:
vivo mientras escribo este poema que vivirá conmigo,
que me está viviendo, porque yo vivo en él
y que me escribe, aunque pueda pensarse lo contrario,
esta mañana en esta biblioteca,
donde somos leídos, escritos y borrados
por la mano lejana, última y próxima de Dios,
que deja este poema en una mesa de esta biblioteca
y yo lo leo, lo copio, lo transcribo
para que lo conozcas tú, que no has nacido aún,
que no estás, que acaso nunca estés,
que tal vez no estarás y que, si estás, te servirá de poco,
porque la ilusión de vivir es la falacia de todo poema
como su máxima mentira es su lector.
Un poema es una forma de verdad
que necesariamente engendra su propio personaje:
quien lo dice, quien lo escribe, quien lo oye, quien lo lee.
Ninguno de ellos es el yo que habla en el poema,
pero todos están, como está la secretaria
y el bedel y el estudiante en esta biblioteca
y hasta yo mismo, que soy el único que sé que no estoy,
que no estuve, que no he estado, que no estaré,
pero que pienso que estoy en el poema
y en la biblioteca, en la biblioteca y en el poema,
como estará o ha estado o está, sin haber estado
o tal vez estando, pero sin saberlo, el lector,
el único que tiene razones para creer que no está,
que no ha estado, que no estuvo,
cuando es quien más ha estado y el único,
después del poema, que puede pensar
que ni ha estado ni estuvo ni estará
como yo esta mañana en esta biblioteca,
donde recibo o sufro -es difícil saberlo-
la visita de Dios, y la escribo
para un lector que es -él y no yo-
el único sentido del poema:
su desarrollo, su destino, su realización,
porque no hay filología superior a la existencia
ni lector que no sepa que el poema, que él lee, nunca está:
él es el poema, como yo lo fui antes
y como tú, lector, lo eres ahora
aunque no hayas pisado -como tampoco yo- esta biblioteca,
porque estás hoy aquí, conmigo,
en este poema y en esta biblioteca,
donde nos perdemos, acaso para siempre, los dos.
Tú, yo, el lector, el poema,
la vencida luz de la tarde, Dios, la biblioteca,
todo invita a un muy breve momento de entusiasmo,
sereno escalofrío, laberinto y desesperación.
Todo aquí es recuerdo de una muerte minúscula.
El poema, también:
en él todos estamos muertos, como ahora,
¿me entiendes bien, lector?, ¿me entiendes?

De vita philologica

A Jenaro Talens

La vida me ha hecho lírico -o como otros dicen, egotista- ahogando en mí, gracias a Dios Todopoderoso, a aquel sabio en ciernes. Pero a las veces echo de menos a aquel muchacho de veinticinco años, tan leído, tan erudito, tan científico, tan objetivo -creo que se dice así-, tan cargado de citas y de teorías de otros.

Miguel de Unamuno

Lo que debo al latín son muchas cosas.
Para empezar, mi sensación de lengua,
tan diferente a la ilusión del habla,
y la idea de que todo lenguaje
es ―y es sólo ― un acto de pensar:
un pensamiento erguido sobre un sinfín de ejes,
tan exactos como sus mecanismos,
que construye, sobre sonidos puros,
la arquitectura de una identidad.
Pero no sólo eso ―que es inútil y cierto,
y cerebral también y hasta pedante―
sino el recuerdo del resplandor de tardes
en que aquello que el texto me oponía
era un placer semántico que me transfiguraba
como un limbo de inteligencia pura
en el que la sintaxis de las frases
y las palabras se correspondían
y en el que cada esfuerzo presuponía otro
y éste entrañaba el placer de encontrar
otra dificultad.
Yo crecí bajo la sombra de los diccionarios
y creía que el mundo
era un texto preciso con sintaxis exacta
que cada tarde había también que analizar.
Crecí feliz entre un viento de páginas.
Luego me cambiaron el código
y la clave de cifra
y me quedé sin nada que leer.
Soy feliz por instantes, pero
mi traducción del mundo
resulta cada vez más imperfecta:
me equivoco en los verbos,
no acierto con los modos,
se me borran los tiempos
e, incluso, me confundo de caso o de flexión.
Cuando esto ocurre ―y me ocurre a menudo―
recuerdo aquellas tardes de sintaxis perfecta
y hermenéutica lúcida,
en que el perímetro del tiempo
eran mis diecisiete años
y el espacio del mundo,
sólo mi habitación.
La lectura de un texto nos hace personajes
y la vida, también.
Nuestra vida es un texto al que le faltan páginas
y las lagunas existentes dejan
no sólo abierto el blanco de los márgenes
sino que, hasta en el mismo texto conservado,
surgen siempre imprevistos vacíos que hay que completar.
Feliz de aquél que puede
fijar su vida como si fuera un texto,
desechar disparatadas conjeturas
y optar por una sola y única lección.
Yo he perdido mi texto, y la vida me arrastra
mientras yo la recuerdo como a sus paradigmas
y al antiguo muchacho que imaginé yo mismo
y que llegó a llamarse incluso como yo.
Lo peor de ser joven es que no se distingue
entre la realidad del ser y su gramática
y se hace metafísica del detalle más nimio
y se eleva a sistema del dato más trivial:
se confunden los ejes de sus dos mecanismos
y, al intentar cambiarlos, chocamos con los límites
de nuestro pensamiento y vemos lo perfecto
de todo raciocinio y lo imperfecto de todo lo real.
Por eso he amado el río de la lengua
y he recorrido a pie casi todo su curso
en un fallido intento de llegar a sus fuentes
y beber la primera palabra originaria
por si en ella se oía, sin manchar por el hombre,
un sonido perdido, algo
que todavía pudiera valer como verdad.
Yo no lo escucho, pero sé su existencia.
De nada sirve todo el conocimiento
ni la interpretación más sólida o brillante,
ni la idea más lúcida ni el juicio más feliz.
De nada sirven,
cuando se viste sólo de prestado
o se vive en un alma fiada o de alquiler;
cuando no hay propiedad sin hipoteca
y hasta la muerte viene con su factura del agua o de la luz.
El latín concedía cierta pasión al orden.
En el orden de ahora la sintaxis funciona
por completo al revés:
sólo hay pasión allí donde hay desorden,
y el ritmo de las frases es un anacoluto
en el que los meandros de la vida
alteran la consecutio temporum
y la atracción de modos impide
la exacta percepción de lo real.
Me gustaría poder abrir sin más el diccionario
de una lengua que careciera de gramática;
de una lengua cuyos sonidos fueron sólo
el ritmo de la pausa de una sucesión
y de la que pudiéramos saber toda la historia,
su evolución, sus fases, sus etapas… todo
salvo el preciso sentido de sus términos:
una lengua, como nosotros mismos,
condenada a su forma y a carecer de significación.
La hermenéutica es una ciencia pía: una
experiencia casi religiosa,
cuya praxis consiste en alterar el orden
de la sintaxis órfica
y convertir el sentido del mundo
en un catálogo de frases de liturgia
y en el ficticio orden de un ritual.
En el latín… ¡qué seguro era el mundo
y su belleza exacta
cómo recomponía el orden que rompe lo real!
Nada más bello
que aquellas trampas de la inteligencia
con puentes levadizos y palancas
movidas y accionadas por una leve cifra de su vocabulario
y un sistema muy próximo al del propio pensar.
¡Qué perfectos los casos y las declinaciones
y cómo los añoro cada vez que en la vida me siento naufragar!
Son como mástiles que aguantan la tormenta
y avanzan en la noche a través de la bruma
como un buque fantasma que tuviera velamen
y no tripulación.
¡Cómo siento de firme la fuerza de su lengua!
¡Cómo viene y dirige mi torpe maniobra,
rectifica mi rumbo y aguanta mi timón!
El latín es un agua profunda
que sostiene todas las superficies
y que crea en los mapas
la ilusión o certeza de que hay un punto exacto
o alguna idea firme
o una isla segura
o la existencia de un lugar
más allá del lugar
que se hunde y flota
al ritmo y al vaivén de las palabras
y que reaparece cuantas veces
perdemos de vista el horizonte
o el dolor nos borra de los ojos
las figuras que forman
la ficción o relato de nuestro recorrido
y nos fija como un punto de amarre
a una playa lejana que se mueve,
como la luz dentro de la memoria,
entre el latido regular de un péndulo
y la átona música de una muerte perfecta
cuyas aguas sonaran siempre al mismo compás.
Eso por consignar sólo la metafísica
y no los años sórdidos en que viví de él.
No: no es la especialidad
lo que de su filología me interesa
sino la vida que hay entre lo márgenes
de un libro hecho de tiempo
cuya lengua podemos, sin hablarla, leer.
Ese libro del que todos podemos ser gramática,
esa lengua que ya sólo se escribe,
ese tiempo que es ya sólo lugar.
Feliz de quien no tiene que traducir el mundo
ni siente necesidad o afán de interpretarlo
porque sabe que lo que afirma al hombre
no es el sentido sino la sucesión.
Vivir consiste sólo en sucederse,
como un anfibio, en las aguas de un yo terco y fugaz
que se confunde sólo con su costumbre.

Ángulos muertos

I

Vivir al otro lado del poema
y no en la realidad, que es su reflejo.
Cruzar por esas calles
que al otro lado de la vida están.
Mirar sus parques y sus plazas
llenas de luz en las mañanas ebrias.
Sentir el movimiento de las hojas
dentro de un aire inmóvil, circular.
Ver el destello de las aguas
de un río que discurre sin principio ni fin.
Ignorar lo que sé,
pensar que ya no existo.

II

Vivir la vida del poema,
resbalar por su voz,
por su respiración,
por su saliva.
Sentir la tinta
llegar a su raíz originaria,
escuchar el sonido de sus velas,
oler el perfume de su vegetación,
sumergirse en sus sones,
sus latidos, sus algas,
saber lo que pasó,
lo que no pudo ser,
lo que no ha sido.
Pero saberlo como fue:
libre de los confusos pliegues
del lenguaje, de la cultura,
de las estatuas.
Libre de todo.
Libre, sobre todo, de mí.
Donde no existan
ni signos ni palabras.
Donde no exista nada.
Donde sólo la nada
sea el idioma de Dios.

III

En esa nada pura
donde vive el poema
estar como de tránsito,
de viaje, de fiesta, de visita.
Estar como de paso
como se está en el yo.
Vivir en el poema
el otro lado del poema.
Vivir la vida del poema
en el continuo tránsito del yo.

Paron alt de le tère

Paron alt de le tère,
đe le nèole e đel sol,
par noi tu sé stat sol paron
de grénpene e jerture suđađe
e jaẑ crepađi e straṡegne cruđe.
Par altri tu se stat paron
de pian mèsteghi e leđe
e aque céveđe e soi mòi fa seđe.
E pura noi te on dit su
đa qua đó, đa ste val despèrse e scure
te tanti ciari đeboi
fa đe bùbole imiṡeriđe
al nostro cređo đe stran, lenċ e piere
e tante òlte đa le ponte alte
che le vènta đe griẑe e đe stele
te on levà altar bianchi đe maṡiére
e sagrefiẑi parfumađi
đe međìi, mar e međe.
Ma ti tu se restà
đa đrio i to ẑiei peẑađi
fa cine maciolađe,
đrio le to cave blu ṡluṡènt de ori
e 'ncora spes da là su tu ne parla
par scagne rosate
e tenpeste ṡmariđe.
Đe scorẑe gropoloṡe e sache e roài
l'è đa 'l nostro vestì
ma na ṡbroja inderegađa đal fret
fa 'l lenċ del castagnèr
morsegà su đal s-ciaret a l'inverno
l'à đa eser gnest al to cor,
paron alt de le tère,
đe le nèole e đel sol!

Italian translation:

Padrone alto delle terre

Padrone alto delle terre, / delle nuvole e del sole, / per noi sei stato solo padrone / di lande sassose ed erte sudate / e ghiacci spezzati e stillicidi crudi. / Per altri sei stato padrone / di pianure mansuete e terre di limo / e acque tiepide e soli molli come seta. / Eppure noi ti abbiamo recitato / da quaggiù, da queste valli sperdute e scure / in tante luci deboli / come di lucciole intirizzite / il nostro credo di strame, legno e pietre / e tante volte dalle ondulazioni alte / ventose di cirri e di stelle / ti abbiamo innalzato altari bianchi di pietre / e sacrifici profumati / di stolli, cumuli e mete di fieno. / Ma tu te ne sei rimasto / là dietro i tuoi cieli pezzati / come vitelle maculate / dietro le tue cave azzurre lucenti di ori / e ancora spesso da lassù ci parli / attraverso siccità rossicce / e grandini sbiadite. / Di scorze nodose e virgulti ritorti e rovi / è già il nostro vestito / ma un coagulo irritato dal freddo / come il legno del castagno / morso dal cuneo d'inverno / deve essere diventato il tuo cuore, / padrone alto delle terre, / delle nuvole e del sole!

Agonia đe primavera

Mi son l'ultimo vècio đe sto paeṡe.
In te la me mènt
l'é poret al cuèrt de laste
e 'l cođolà lis l'é 'n larin grant
che 'l fogo 'ndat l'à asà croste
đe ẑendre e đe fret.
E qua tel me nicio đe pojan e fulische
al ciaro tórgol de 'n pavier đébol
stae a varđar cuẑa đó la me man
che la vena fonda đe la sòn
la mof a scuarẑar
tel ẑendre sènpro pi spes
senċ che gnesuni pi romài intènẑ.
Ma la me traẑa la pòlsa
anca su le piere sfeṡađe
ve qualche caṡa 'ncora đescuèrta
e su i pra su là
su quele stuliđe
đe le caṡère e đe le maṡiere
sbarađe đó par sora le ortighe
e su i lenċ de i telarin e đe i piói
ndove che i scrif insonađi i carói
le ultime storie
e tel ẑércol de la lama
fat sec e biancaẑ fa 'n òcio caiest
e su le carùcole ruciađe
su la corđa malgaliva
fa sto tènp balorđo
e sul troi inprađà che mael da le creste
al ghe va in contra a le nèole
e su la musa ṡlasađa
che la ghe sanjutéa forte
a i ẑighi đa gal de i bòce
đe lònc la festa santa đel jaẑ,
bestema crepađa đe la tieđa
par le òlte đe 'n tràgol fat jert,
lisp fa i braẑ đe na mare caìna.
No i à batest, nò, par mi 'ncora i senċ
e gnesun me tira a cuèrt
da ste straṡegne cruđe đel tènp.
Dal ẑei cévet de i muret
i rođoléa i òci inbarlumiđi
fin oltra quel revès de i cortivi
đrìoghe jènt che la pasa
e sènpro, sènpro đe pi
fa le ẑime su par là la se lontana...
e i sofeghèa injotiđi i bòt de le ore
fati ave marie pegre đe ran
e l'informigoléa le đonture
tut sto ṡbaregamènt mat de rane,
fa đe ṡgréole scaturiđe al vèndre sant.
E tra fòra,
tra fòra lora, parona,
sangue scur đe le me vene
par la me festa forèsta
che i cornolèr si i à oltà par tèra
i so fior par mi
joẑa ciara đel lenċ e đel ẑiel
ndé che i pra đa no so pi quanti ani
i leva moldeste
le man de l'ultimo nef.
Parona, tra fòra 'ncora,
ancora par mi, sior đe le ẑime
mai 'ncora đomanđe
e ti salta fòra te le me vene
montana trata đel tènp,
uđor ve la tèra
sul colmo đel suđor e đel fien!
Ma se solche proe a trar i òci in su
nò, no pi par mi
e par chi po' romài
ṡgórleli i càrpen e fràsen i so cavéi
fondi e freschi đe fémena
e lèvele alta le casie
la so fiévera mèstega!?
Ma la candela la đesfa
su la scanẑia la so ẑera trista
e đe lònc travi e calẑine
al so barlumir al se infronta
su par ẑate onbrioṡe che bala,
che scròca e no ẑieđe...

. . . . . . .

al ciaro e 'l scur
al tènp ndat e quel gnest
oler ben e pođer
par conto so ogni un.
Al ventar đe na stela
ien pura, mòrt!
Tu sé sol an canpanaẑ ṡgiòlaẑ.
E tut quel che ò đit urina tel nef.

Italian translation:

Agonia di primavera

Io sono l'ultimo vecchio di questo paese. / Nella mia mente / è povero il tetto di lastre e di pietra / e l'acciottolato liscio è un focolare grande / sul quale il fuoco trascorso ha lasciato croste / di cenere e di freddo. / E qui nella mia rotonda di languore e fuliggine / al chiarore torbido di uno stoppino debole / sto a guardare accovacciato la mia mano / che la sorgente profonda del sonno / muove a sprecare / nella cenere sempre più spessa / segni che nessuno più ormai intende. / Ma la mia traccia riposa / anche sulle pietre fessurate / di qualche casa ancora scoperta / e sui prati lassù / su quelle abbrustolite / delle casere e delle cataste di pietre / franate giù sopra le ortiche / e sui legni dei telai e dei ballatoi / dove scrivono assonnati i tarli / le ultime storie / e nel cerchio della pozza per l'abbeverata / divenuto secco e bianchiccio come un occhio caduto / e sulle carrucole slittate / sul cavo diseguale / come questo tempo balordo / e sul sentiero inerbato che solitario dalle creste / va incontro alle nuvole / e sulla treggia sconnessa / che singhiozza forte / ai gridi da gallo dei ragazzini / lungo la festa santa del ghiaccio, / bestemmia spezzata dalla tettoia / per le svolte di una strada da strascino divenuta erta, / viscida come le braccia di una madre crudele. / Non hanno battuto, no, per me ancora i segnali / e nessuno mi porta al riparo / da questi stillicidi crudi del tempo. / Dal ciglio tiepido dei muriccioli / roteano gli occhi abbagliati / fin oltre quello rovescio dei cortili / dietro gente che passa / e sempre, sempre di più / come le cime su di là si allontana... / e soffocano inghiottiti i rintocchi delle ore / divenuti ave marie pigre di rame / e intorpidisce le giunture / tutto questo urlio pazzo di rane, / come di raganelle spaventate il venerdì santo. / E versa, / versa allora, padrona, / sangue scuro delle mie vene / per la mia festa estranea / che i cornioli sì hanno riversato per terra / i loro fiori per me / goccia chiara del legno e del cielo / dove i prati da non so più quanti anni / levano munte / le mani dell'ultima neve. / Padrona, versa ancora, / ancora per me, signore delle cime / mai ancora piegate / e tu prorompi nelle mie vene / piena sgorgata del tempo, / odore della terra / al culmine del sudore e del fieno! / Ma se solo provo a volgere gli occhi in su / no, non più per me / e per chi poi ormai / agitano i carpini e i frassini i loro capelli / fondi e freschi di donna / e levano alta le acacie / la loro febbre mansueta?! / Ma la candela scioglie / sulla scansia la sua cera amara / e lungo travi e calcine / il suo barbaglio si addossa / contro zampe ombrose che vacillano, / che crocchiano e non cedono... / . . . . . . . . . . / la luce e il buio / il tempo andato e quello venuto / voler bene e potere / per conto proprio ognuno. / Col soffio di vento di una stella / vieni pure, morte! / Sei solo un campanaccio stonato. / E tutto quello che ho detto urina nella neve.

Pastòẑ đe làip

Pastòẑ đe làip, aqua lispoṡa,
ndé che đe ṡbris la se varđa la luna
e mael al peẑ al revèsa
i braẑ scanađi đal scur.
Par chi setu?
Par la straṡegna đel cuèrt?
Da tant òcio insulso la ṡmira
al to fondi fis.

E par chi spètetu, ti,
faldin ruđenì
in tra piere e roài
e ẑinis-cio e calif
orbo a le stele
đesfuliscađe đal vènt?
L'onbrìa ceta đe i bòcoi đe nef?
Fa l'agonia đe 'n cator
al to criđar ultimo
al se a inbuṡà đó agremoṡo
tel torcolamènt negro đe i crep.
Romài pi susuro ve bèspe
o ṡventolamènt de falchet
i se sovien de i to senċ de l'istà...
fursi gnanca 'l sol che tu à inabarlumì.

Ma mi, sa fae lora qua
scođraz ẑòt ẑabòt
picà a bar đe stele
qua co faldin e pastòẑ
a vejar sòn de peẑ
a lune ṡlaìđe
in tra nibie alte e cornaje?
Co i me sèst e vèrs stranbi
đespèrs da no sò quanti ani
fae ciaro stremì
sote i caveđai đe le stele
par na ṡventađa
che à 'ncora đa végner.

Italian translation:

Intruglio di truogolo

Intruglio di truogolo, acqua mucida, / dove furtiva si guarda la luna / e solitario il pino rovescia / le braccia spossate dall'oscurità. / Per chi sei? / Per la stilla del tetto? / Da tempo occhio insulso fissa / il tuo fondo denso. // E per chi aspetti, tu, / falce arrugginita / tra pietre e roveti / e muschio e foschia / cieca alle stelle / defuligginate dal vento? / L'ombra quieta dei boccioli di neve? / Come l'agonia di un coturnice / il tuo gridare ultimo / si è imbucato lacrimoso / nel contorcimento nero dei crepacci. / Ormai non più sussurro di api / o frullo di falchi / si ricordano dei tuoi rintocchi dell'estate... / forse nemmeno il sole che hai abbagliato. // Ma io, cosa faccio allora qui / ultimo nato zoppo balbuziente / impigliato a cespugli di stelle / qui con falce ed intruglio / a vegliare sonni di abeti / e lune infradicite / tra nebbie alte e cornacchie? / Con i miei gesti e versi strani / sperduto da non so quanti anni / faccio luce allo stremo / sotto i solchi iniziali delle stelle / per un colpo di vento / che deve ancora venire.

Ghost Walk

-----------------Château de Lavigny
-----------------August 1996

The neighbors who never
set foot in the castle
never tasted the truffles or château rosé
say she walks room to room
all night turning the lights on
and by day a cold wind blows
through the tiered gardens
pinching leaves from the withering rose

It is said in the village
she died of pure heartbreak
not a love turned away
but a love lasting only
as long as a lifetime
his life and no longer
not enough for the lady
hair red as a brushfire

that refused to go out
though it faded with years
to the orange of the coral
that lives in the sea
and still she was lovely
pale beauty became her
like pearls or a music box
like Kaffee mit Schlag

slim in an era when slim wasn't in fashion
she climbed into her tub
lined with bath salts and mirrors
chin-deep in scent
she would dream of a body
that could hold all of her
keep her afloat on this ocean
of good sense and breeding

she told no one not even
the one man she lived for
she put on her lipstick
she combed her brave hair
which she bore like a lantern
into the murmuring parlor
where they waited with smiles
and champagne on their lips

all night the waves pitching
all day the crows wheeling
through skies blue as his eyes
bright above the stunned lake
when he died she lay down
in their bed of silk tassels
in their bed of fringed curtains
and rose-colored satin

she lay down without tears
in that blushing cradle
and slept in that rocking
that cargo of sighs
each night the bed creaking
cast onto the waves
each dawn roses flaunting
their loose tongues of flame

she's a kind spirit
they assure us
down in the village
poor soul left behind
when the party was over
searching the rooms
for his laughter
and a last glass of wine

Singsong

When I was young, the moon spoke in riddles
and the stars rhymed. I was a new toy
waiting for my owner to pick me up.

When I was young, I ran the day to its knees.
There were trees to swing on, crickets for capture.

I was narrowly sweet, infinitely cruel,
tongued in honey and coddled in milk,
sunburned and silvery and scabbed like a colt.

And the world was already old.
And I was older than I am today.

Playstation

dabar pasirink: arba liūdnos kelionės
į niekur, arba stočių neviltis. Dar lieka
akligatvių siaubas ir pigios tarpuvarčių
klastos. Esi čia priregistruotas

legalus imigrantas, patekęs j nupieštus spąstus.
Nuspaudęs klaidingą klavišą. Dabar
vien alsus ventiliatorių vėjas, tyla
ir pavojų nujuodintos nišos.

Dabar pasirink: ko gero, dar galima grįžti,
galima viską užbaigti, išjungti kaip radiją
seniai pralaimėtą žaidimą, gal ir pakaktų
tam ryžto, bet kažkur gretimam lygmeny

vis dar tebėra
vis dar tebėra
Arkadija