2002

Noche de la memoria

La gran luz natural de los sentidos
no tiene fundamento donde anclarse
y así flota sin rumbo ni certeza,
escrita sobre el agua por el soplo del tiempo.
Sus olas se suceden en la noche
y en la miseria del entendimiento,
que no sabe leerles su designio
de ser un leve rasgo de blancura
en la página negra, noche clara
por la luz cegadora del sonido.
Con la caligrafía de su arrullo
el tiempo disemina sobre el agua
ese significado que no puede
ser certeza y nombrarse,
y existe como pájaro que asciende
siendo sólo rasguño de color,
la huida de la imagen de haber sido,
mientras la terquedad de su pregunta
se revuelve en su noche y en la mía.
Debería bastarme la verdad
en que se desvanece su figura
en el paralelismo de las líneas
descendiendo y borrándose en la página
rasgada por el viento en el que mueren,
en la oclusión del blanco enmudecido.
Las veo replegarse y retenerse
al tiempo que las alza la marea
a las aguas azules del gran río,
y allí tejen un leve diagrama
entrecruzando líneas que no saben
detenerse: se cruzan detenidas
en el ojo vidriado por el tiempo,
y sólo allí persisten.
-------------------------Así es vida
no saber ni nombrar, pero morir
es también pasar sólo, sin nombrarse;
y si en la luz rotunda de las cosas
no pensadas ni escritas hay acaso
mejor y más total conocimiento,
también la noche inquiere como espejo
ante el que no es posible hurtar el rostro:
dos hileras solemnes de farolas
que no pueden estar así brillando
sin interrogación, porque conducen
a la estación vacía, duda cóncava
persistente en su luz.
---------------------------Si la luz brilla
a medianoche tengo que pensarme
porque sabe de mí, trae mi espejo.
Los raíles se engarzan detenidos
en la estación vidriada por la muerte.
Por el cristal trasero, en el último coche,
los veía danzar, aproximarse,
desunirse, cruzarse sobre el puente,
mientras debajo, en verde y gris, crecía
la marea, pautando el río azul.
Su realidad huía conciliada
en la fugacidad del movimiento
de un puñado de líneas con su brillo.
No puedo retenerlas ni volver
a la mirada viva donde estaban
siendo al perderse.
------------------------Qué poca realidad,
cuántas formas distintas de no ver
para llegar al fin al gran engaño:
un puñado de líneas que se cruzan
sin brillo y sin color en la memoria.
El tren remonta el río; en sus colores
suena la gravidez de la marea.
Desde el andén lo veo remontar
la ingravidez del tiempo, mero signo
incoloro por ley de la memoria,
mudo tras su cristal. Su geometría
no resplandece como en la luz griega
el torso cenital de un dios desnudo;
sus doce aristas urden el vacío
en la expansión de cuatro diagonales
calcinadas, un signo de extrañeza
en la luz que no viene desde el cielo
y no trae su ofrenda complacida
de realidad, el don de los sentidos
que no sabemos retener; se pierde
como espejo de agua entre las manos
esperando a existir al ser leído
en la distancia inmóvil de algún sueño.
Memoria, no me salvas en el tuyo,
eres mal tejedor. Algunas veces
recuerdas el acento y las palabras,
el cómo y el porqué, traes la efigie,
el atrezzo, la luz y el escenario;
otras tan sólo briznas y fragmentos
de indeterminación, leves jirones
de música, retazos de color
sin el lugar y el rostro que tuvieron,
huérfanos de su norte y su sentido
pero con terquedad de tatuaje,
entremezclando vidas como naipes
en muchas otras manos y en las mías;
o el vacío de cosas que he olvidado,
con la aureola intacta de su olvido.
Eres pájaro burdo y azaroso
al reclamar la voz y el alimento:
chapoteas, enturbias, encenagas,
no sabes avistar el pececillo
brillante en la quietud del agua límpida.
Acudir a tu juego es ver cubrirse
las aguas del espejo de gran niebla:
un reducido número de estampas
indecisas, que pierden
densidad y volumen, como el humo;
el guía que me burla y llega siempre
a desaparecer tras los recodos,
escurridizo, artero, suplantándose
sin que nunca le pueda ver el rostro,
que es el mío: palabras
en un espejo escrito y aplazado,
en las apariciones de una sombra
que se esconde detrás de la cortina,
confunde su papel y olvida el gesto
o impone su evidencia mentirosa
de actor de cine mudo que ha pasado
con demasiadas muecas al sonoro;
un texto que se pierde en el reverso,
el espesor y el margen del papel,
que nace con las dudas
de su sentido y de su desaliento,
paréntesis inscrito en una historia en blanco.

Saludo

Y tú, vida que empiezas,
no digas nada aún:
crece sobre tu sangre,
se temblor y latencia.

Ciego nudo abisal,
giras en los serenos
hondones de tu madre,
en el limo imantado.

No siempre vivirás
sin tiempo, sin mirada.
Asomará tu boca
a las puertas del día.

Tu cuerpo espera y calla.
Multiplicado tacto
el de esta piel bañada.
Respiras negro, negro.

Mi primer bikini

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.

Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas.

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

Abre todas las puertas

Abre todas las puertas: la que conduce al oro,
la que lleva al poder, la que esconde el misterio
del amor, la que oculta el secreto insondable
de la felicidad, la que te da la vida
para siempre en el gozo de una visión sublime.
Abre todas las puertas sin mostrarte curioso
ni prestar importancia a las manchas de sangre
que salpican los muros de las habitaciones
prohibidas, ni a las joyas que revisten los techos,
ni a los labios que buscan los tuyos en la sombra,
ni a la palabra santa que acecha en los umbrales.
Desesperadamente, civilizadamente,
conteniendo la risa, secándote las lágrimas,
en el borde del mundo, al final del camino,
oyendo cómo silban las balas enemigas
alrededor y cómo cantan los ruiseñores,
no lo dudes, hermano: abre todas las puertas.
Aunque nada haya dentro.

El bosque

El bosque me contó la vieja historia.
Dijo que hubo otro tiempo en que los hombres
se aventuraban entre su espesura
en busca del oráculo divino.
Pero nadie llegaba a ver el centro
de la selva, donde la pitonisa
resolvía las dudas de los fieles.
Porque no había centro, porque el bosque
era y es un inmenso laberinto
sin principio ni fin, y porque el orden
de las cosas excluye las respuestas.
Y es así como, ciegos e ignorantes,
nos dirigimos hacia el precipicio
de la nada, perdidos en el bosque
de la traición, el odio y la mentira.
Eso me dijo el bosque en un susurro,
mientras yo iba camino de Damasco.

Estoy aquí

Estoy aquí, mi amor, estoy aquí,
velando tus naufragios en las noches
en que nadie responde, en las heladas
madrugadas vacías, en las tardes
de desesperación y de locura.
Pon en duda, si quieres, que la Tierra
gire en el desolado precipicio
del espacio infinito alrededor
del Sol, o que los astros sean fuego,
o que el amargo río de la vida
desemboque en la muerte. Pero nunca
dudes de que, en la fiebre del fracaso
o en la sed de la angustia, en el abismo
de la ansiedad y del desasosiego,
estoy aquí, amor mío, estoy aquí.

Aunque tú no me veas ni me oigas.

Fuga

La luz, al menos, es la misma,
ligera y fiel,
y el viento echa a perder los nomeolvides
que ella cuidó disciplinada. Buscaré
dóciles ideales para matar el suyo
de abandono. El perdón
obsceno luce un quiste:
la idea del regreso.

Sus quejas vegetales, me repito,
y aunque no explica, da seguridad.

Tomo impulso.
Cubre las azoteas humo
blanco. Los sentimientos,
como el aire, están llenos de microbios.
Por todas partes.

Un dos piezas

Al final del poema estaré yo.
Me reconoceré por la misma tos seca
que da ritmo a los cambios
y por una sonrisa diluida
en pudor criminal. Autorretrato:
la excusa por la voz venida a menos,
moral de desayuno y hermetismo
sin centro. La sorpresa
no la provoca el interior partido,
sino lazos de humo
como arterias del ánimo,
líneas voluntariosas como olas en racha:

ponen a régimen la historia del carácter,
tensan las decisiones,
dan al azar grisura de amigos con pareja.

Una mañana
me dejó a orillas del hogar
-no en uno de esos despertares
que abren un falso día paralelo
y desmenuzan la memoria,
sino en la merecida realidad
de tres años después
con gente más estúpida,
vapor, muebles sin gusto, laxitud,
tacto dominical algo forzado-
y yo pasé de incógnito ante lo repentino de las huellas
y di a la confianza camuflaje de asombro.

¡Arrópame, dolor,
carne despierta,
no me abandones en la sequedad
ni en una tristeza
de patio interior!

El ombligo no nutre, más bien da
separación: abajo
bien dotado para la elegía;
arriba, las pestañas,
escobas desdentadas,
barren casquillos.

Biografía: pretexto
para los funerales del destino.
Una suma de fugas.
Esperar que alguien vuelva.

Y al esperar no sabes quién se aleja.

Haikular

Her gece
Aynı ağrıyla
Kayıyor bir yıldız.

-
*

Nasıl da beyaz!
Durmuyor kanı
Şimşeğin

-
*

Yaprak düşüyor,
Kalbimi tutuyorum.
Eylül: bir kadın?

-
*

Bu ne gürültü.
Tırtıllar, kuşlar
Düşünüyoruz

-
*

Güzle sevişen
Erik ağacı.
Soyunsan da güzelsin.

-
*

Eski bir gökyüzü
Buldum-
Son sözümdü bu.