2011

Imitação

imerso no imenso espelho
céu de mil mapas
espelho, areia, cacos

vicário em textos noturnos
a pele negra do céu
texto, mapa e areia

penso no mapa múltiplo
página de areia negra
letras, céu, nada

Fonética 1, 2, 5, 6

1.

Me llamo Marta. Me llaman Marta. Fui bautizada en escenarios sin dueño hasta que mis ojos fueron, poco a poco, dilatándose en ficciones.

-

2.

De ser cierto que el tiempo no existe, sólo queda saberme en el espacio. Aquí. Con mis cinco letras inscritas en cada una de mis neuronas, en cada viaje que amplía el compás sin esfera, pasillos interminables por los que me deslizo entre un insecto y su espuma, y la mirada de un niño que, consciente de ser niño, contempla sus venas como si dos manos ahogadas…

Pero qué más da si oigo, siento o si azul el mediodía…

-

5.

…bajo el hielo que se derrite. Misil de angustia en el que ahogarse tras ventanas que no cesan de adjetivar. Hoy estás herida, ayer rutilante, y mañana, quién sabe si mañana vendré con pájaros moribundos. Siembra silencios y recogerás soledades, dice el humorista. Habré de callarme para recomenzar, frotarme las manos para que desaparezcan las huellas dactilares y, en la explanada abierta de la palma, poder sembrar las vocales de un lenguaje propio.

-

6.

“A” de estructura, “i” de orgullo, “e” de inicio, la célebre “u” de las madres extenuadas y una “o” que no alcanza a despedirse. Por eso en todo lo que rechazo palpita mi postura; y entre lo que fui y no fui, mis frustraciones; y entre lo que soy y seré, una bandada de verbos. Deletreo a fin de recomenzarme: eme, a, erre, te, a; y todo sigue igual: obediente, naufragando.

Sintaxis 1, 6

1.

La sintaxis, la herencia, variaciones del tiempo… ¿Se hereda la estructura mental de lo escuchado? ¿Hacia dónde, pues, trazar la fuga?

-

6.

Hay un rojo sanguíneo: la transexual periferia del lenguaje. La miro, como quien contempla la perfección de un muerto, como quien roza el privilegio de la flecha o los saltos de un día a otro con la dulce fluidez con que ríen los idiotas.

Geografía 6

6.

El mundo y el yo, inicio y fin, la inverosímil coordinación entre el tiempo y las venas. A cada segundo los centímetros se imponen y la edad convoca a las excusas. La madre y el bulto del lenguaje. La gran, la grande y más grande quebradura.

Secuencia 1

1.

Y miro mis dedos porque sólo desde la bruma se avista la montaña. Fracasa la luz en los balcones. Pronuncio mi nombre: fonética, sintaxis, geografía, pero todo se altera. Arruga incipiente que no te dejas nombrar…

Madrigal

A Eduardo Moga

Volver a casa oliendo el aire dulzón, irrespirable, de la tierra empapada, los grumos opulentos de la fermentación. Volver mientras las hojas descosidas liberan sus metales y el agua del estanque es un bozal de plomo que nos persigue con los ojos. Esto es lo que insiste, lo que existe en nosotros. Ácido y frío. El ascua silenciosa del invierno. La hoja que penetra y adormece la piel. La cara y cruz del hielo. Y todo por vivir aún, y la promesa torva de otro día, y un cielo de nevada donde la luz entrechoca sus huesos con un dejo de sangre. Es la noche rapaz, que viene a someternos. Es la noche rapaz, que está en nosotros.

No sé, quizás, supongo, pero

Como estar abrazados.
Uno se siente,
no sé,
como lleno por fuera.

Y hay un ritmo en la calle
que sigue sin nosotros,
y el día pasa así,
aunque no nos afecta,
porque eres hermosa

y mi belleza tiende hacia la tuya.

Ahora ya lo sé,
te he comenzado un poema
y lo escribo despacio
cuando estamos aquí,
en el hueco entre nosotros.

Solo a dos voces

Voz Primera

En cada cosa hay,
oculto, un pentagrama
que acude a tu memoria
cada vez que lo llamas

y pone en movimiento
las llanuras del alma
y te salva del mundo
porque anula la nada.

Las notas de su música
por el aire resbalan
y llenan el espacio
de sostenida magia

donde cielos sin luna
rielan en las aguas
de sonidos sin nombre
y lenguajes sin habla;

donde ser es sentirse
emanación de un aura
que cruza los jardines
de una tarde borrada

pero que no ha pasado,
que está aún intacta
dentro de un tiempo tenue
que tiñe un tono malva

por el que cruzan pájaros
de picos escarlatas
y regresan palomas
de regiones extrañas.

¿Qué suena en ese río
de Mozart, qué granada
del más allá se oculta
dentro del pentagrama?

¿Quién pulsa sus oboes,
quién sus columnas alza,
quién sus vïolas tensa,
quién sus paisajes traza?

¿Es Mozart o Dios mismo
quien estos bloques labra,
quien esa trompa templa,
quien ese tempo alarga?

Voz Segunda

La música no existe
ni existe el pentagrama
ni la voz ni el sonido
sino un viento fantasma

que escuchas, cuando oyes
el ruido de la nada
no fuera sino dentro
de ti, de tu palabra,

a la que tú te asomas
como si no sonara,
pero cuánto perfume
en su liquen de escarcha.

El yo se te extravía
como una bengala
del último sonido
diluido en la sala,

mientras la noche borra
vïolines y flautas
y es una lenta tinta
la que mueve las ramas.

La música ha cesado
y, con ella, la magia
y lo real se hunde,
como siempre, en la nada.

Voz Primera

Pero no Mozart: nunca
su sonido se acaba.
Su música es la forma
de lo eterno en el alma.

Suenan en él países,
planetas, panoramas,
penumbras que se mueven
al ritmo de sus alas,

pianos que parecen
nimbos, nubes, cascadas,
pinturas que despliegan
partituras de mapas

en las que se percibe
la muerte galopada,
caballos y jinetes
en una estampa exacta,

en la que no se escucha
sino un rumor de adargas
que atraviesan la noche
más allá de la nada.

Dibujo del deseo

Como la espuma al mar, la luz al aire,
la arena al agua y la sombra al valle,
se abre, sí, se abre al lento terciopelo de la tarde
tu estremecido fondo de corales.
¡Qué dulce movimiento el de tu cuerpo!
¡Qué cálida quietud la de tu carne!
Vida sin muerte, tiempo sin instante,
la maravilla azul de tu paisaje.
¡Qué suave su música, qué suave
su líquida penumbra espejeante!

Bajo la luz del norte

Only in darkness is thy shadow clear
Hart Crane

Ya casi está la tarde
como el magnolio en Dresde :
con un color de malva
azul o rosa o verde.

Está tibia la luz esta mañana
de primavera en que ,
como en mi propia vida,
todo renace, resucita y vuelve.

Atrás queda dormido
un aire espiriforme que disuelve
en el perlado flujo de su río
el líquido legado de la muerte.

Sólo tenía dentro de los ojos
el nacarado níquel de la nieve
y, sin embargo, no nevaba
porque era marzo y primavera en Dresde.

Pero dentro de mí se abría paso
un blanco derretido por la fiebre
y la retina removía lenta
el lienzo musical del Veronese.

¿De qué remoto mundo me venía
este mosaico sobre fondo verde
que mezcla imágenes de ayer con las de hoy
y las extiende sobre mí y mece

en este flujo múltiple que veo
dentro de mí fluir y sucederse,
mientras las borra algo que no veo
y sólo en claroscuros aparece?

No es una ruta fácil el camino
que ha de seguir la luz hasta perderse
como yo esta mañana me he perdido
en la Alte Galerie de Dresde.

Porque se pierde el hombre. Sí: se pierde
cuando todo empieza a sucederse
y nada es lo que ha sido, y está siendo
únicamente en el instante éste

en que leo, en un cuadro de Rembrandt,
Saskia van Uylenburg als Mädchen.
Nada hay en un museo que no sea
gastada luz y repetido serse.

Por eso el yo divaga por el limbo
sobre el color de claridad celeste
cuando las horas y los días pasan
por el único ónice terrestre

en el que la antracita de la vida
no los hace perderse,
sino que los devuelve transformados
en un terso diamante transparente

dentro del cual espacio y tiempo,
color, materia y forma trasparecen,
como yo, al ver ayer
este magnolio japonés en Dresde:

se han caído algunos de su pétalos
blancos y rosas por el aire leve,
pero no se han perdido si los salva
este poema de marzo eterno en Dresde.

Que sus flores se fundan para siempre
con el nácar y el níquel de la nieve
como me fundo yo en mi memoria
con esta imagen de la luz de Dresde
por la que voy llegando hasta mí mismo
por un camino cada vez más breve.