2017

Amor propio

I. CATALINA

Si bajo mis palabras no hace frío, es porque imitan tu forma de tejer.

Si mis canciones son sólo murmullos, es porque tú cantabas así mientras tejías, como acunando a los que no han nacido.

Si en mis palabras todo está presente, es porque nos miramos todavía, hasta llegar a ser

lo que ven dos espejos cuando nada se interpone en su reflejo mutuo.

*

II. HACIENDO PICÓN

Yo recogía ramas más pequeñas, terrones rotos con el zacho, y después me sentaba: la pira que él tejía como un nido, el humo somnoliento, las ascuas cenicientas que el aire pretendía pegar en el talón del cielo azul, huellas de rostros, rastros de caracoles perdidos en la escarcha: tan callando.

Él sonreía, absorto en su tarea de dar a luz al fuego, de dormirlo para llevarlo a casa, al calor de los suyos, como el hombre que sabe que va a morir al hombre: renunciando.

*

III. LAVANDERA

El bieldo y el rastrillo, la hoz, la majadera, las tinajas boyantes de aceitunas en agraz: qué música tañían, mientras la fruta del verano tardío se adurmía en la habitación de atrás, y el agua lavandera se escurría, con antojos de río, de las cumbres nevadas del pilón; música que los ojos no entendían, pero que oí, cuando ella me abrochó los últimos botones del jersey, con el olor de las sábanas recién tendidas, y la lisura de los mangos de los aperos, del vientre maternal de las tinajas, en sus manos vacías: manos humildes, que devolvían a las cosas el orgullo de ser ciertas.

*

IV. JUAN

En la cabra y la vid está tu pueblo,
en los ojos del búho, en lo manso del río.
En la higuera sin culpa está tu pueblo,
en la concha sin nombre, en la plaza vacía.

Debajo de tu rostro está tu pueblo,
al fondo de tus ojos, como en la tierra buena.
En la sonrisa muda de las sombras
que hasta en sus sueños fueron humilladas.

En la sombra del mundo está tu pueblo.
Las aves de tu frente abren sus alas,
y la vieja alabanza, en la noche errabunda,
vuelve para mostrarles el camino.

*

V. EL HORNO

Amasando la arcilla cosechada, fabricando ladrillos y tejas, en el horno. Así sobrevivieron a la historia: se juntaban, al llegar la noche, y a la luz del candil formaban un nuevo círculo, donde los vivos cuentan a los vivos, para siempre. Y cantaban después de la cena, y reían con humor irreverente, o lloraban un poco al recitar poemas en futuro que lloraban con ellos, de memoria, de tanta iniquidad acumulada, tanta renuncia, tanta indiferencia, y tanta compasión que nada pudo.

Yacimiento

No profanes la tierra; déjala
compacta y ciega sobre su secreto.
Sólo descubrirás signos de muerte,
testimonios y pruebas del fracaso
de tejer, construir, darle a la piel
juventud en el brillo de una joya,
inscribir en el oro y sobre el lino.
Deja intacto ese césped en que ondula
un silencio más limpio que la vida.

Palabra de Moisés

Y murmuraron contra Moisés a causa de la mujer etiope que había tomado. Entonces el furor de Jehová se encendió contra ellos.
Números, capítulo 12

Os ofende que el rayo que os golpea,
incendia vuestras mieses y os mata los corderos,
lama con mansedumbre los postes de mi tienda
y adorne por la noche a la muchacha etíope
con resplandor de luna. Os enfurece
la esbelta delgadez de sus tobillos
y el paso leve de sus pies de niña:
teméis, si sus ajorcas tintinean,
que el deleite me aparte
de la visión de Dios.
-------------------------Cuando se unen
a sus pendientes, cae en mí
la unción de lo sagrado: entre sus piernas
están mi inspiración y vuestra Ley.

Factoría de garum en Bizerta

Tallaron en la costa un estanque somero
donde la piedra aflora blanda y lisa,
y al subir la marea acudían los peces,
pocos, cuantos concede un mar mezquino.

Los secaban al sol, el Sol de Ascanio,
el de los argonautas, el de Ulises,
al pie de unos olivos desmedrados
ajenos al auspicio de Atenea.

Tuvieron termas con un mosaico pobre
–un solo friso de teselas pardas–,
una taberna con un par de cántaros
y un lecho de ladrillo para mujer barata.

Ni una inscripción; los restos de una noria
y los de una sandalia, cuatro fíbulas,
una tanagra, el asa de un caldero
y un ánfora pequeña con los huesos de un niño

Remedia Amoris

Infelix vitiis excidet illa suis.
Ovidio, Remedia, 348

Esa mujer, por la que en otro tiempo
sentiste gran amor, cruza la calle
tras grandes gafas de cristal oscuro,
sin gallardía, cauta sobre tacones cortos.

Imagínala huyendo del espejo
en el cuarto de baño, al empezar el día,
escamosa la piel, el pecho fláccido,
hisopada del semen y del sudor de otro.

Y para que no tomes por justicia
la sentencia del tiempo, considera
tu cuerpo destruido ante otro espejo,
hisopado de rímel y de lágrimas,
y vuelve a amarla ahora sin deseo,
como dos condenados inocentes.

La virgen con el niño, por Bronzino

Una superchería tan hermosa
es algo más que el miedo de llevar a la muerte
un cuerpo fatigado y destruido
y perecer en él sin vista ni conciencia,
sin alcanzar la eterna compañía
de algo que no se muestra ni responde.
Es más gentil hazaña,
mayor conquista de mujer ilesa
– el cielo por diadema luminosa –
sin la violencia ni el furor de un hombre:
ese niño que tiene por cabello
oro puro sutil glorificado.

Última oración de Severino Boecio

En el ámbito de la Providencia nada sucede al azar.
Philosophiae consolationis, libro IV, prosa 6, 53

No me diste paciencia ni humildad;
tampoco astucia para parecer
plácido y obediente en un rincón,
feliz en la renuncia y el servicio.
Pero a cambio me has dado el privilegio
de contemplar tu obra
en la primera fila de la gloria del mundo;
y he visto recibir el mismo premio
al sabio y al rufián, cómo prospera el necio
y sé encumbra el indigno, es afrentado el justo
y muere en el desprecio en inocente.
Gracias, Señor, por tu sabiduría:
ver a quien enalteces
me exime de la farsa de estar vivo.

Casa de un comerciante en Ultraiectum

Vivo en un lodazal donde gruñen los cerdos
y el humo ofende la quietud del aire.
Fui una vez a Tréveris, y donde se cargaban
las carretas camino de los hornos de cal
recogí el torso alado de un dios ciego.
Me ayuda a despreciar
a esta mugrienta tribu de pastores:
sueño que llegue al Sur, y estuve en Roma

Retrato del Dux Francisco Venier, por Tiziano

Mi carne inerte arrastra el peso inútil
de perlas y rubíes. Soy sólo un transeúnte
en este trono: quien me elevó a él
en él me abandonó. Si me envidiaras
considera mi mano, viajero:
no exige sumisión y no impone silencio,
no concede clemencia
ni marca el rumbo de ninguna flota.
Espera que una noche
llegue a rozarla el animal alado
que quizá tenga el don de conducirme
a orillas de la plácida laguna.

Susana en el baño, por Tintoretto

Un día esplendoroso, de cielo azul turquesa
en el que vuelan pájaros dorados
mecidos por la brisa
que cimbrea los fresnos.
-----------------------------Llega un rumor de hojas,
de arroyuelo pausado,
de garza en vuelo lento perseguido
por un halcón paciente y perezoso.
Una abeja indecisa roza el pétalo.
Las nubes se entreabren,
las alas complacidas si las orea el vuelo;
las corolas se comban halagadas
en la certeza de la miel futura,
y en el latido unánime del arpa que resuena
en flores, aves, cielo,
sólo una cuerda rota: tu mezquino pudor,
envuelto en un guiñapo en la bañera.