1974

Giovanni Battista Piranesi

Aquí el espectador se ve forzado
a una actitud esencialmente equívoca
pues la calzada que allá abajo cruza
el valle, nebulosa, lejanísima,
arranca de sus pies.
------------------------Y así es menor que exista
un obelisco alzado sobre cuatro columnas
que corona un tritón con cabeza de lince,
o un arco de triunfo rematado
por un bosque de cedros y de sauces llorones.
Y dijeron de él: parva imaginación
esclava del pasado — su genio, si lo tuvo,
pereció bajo el peso de la bibliografía.
Y lo llamaron «arqueólogo».

Puisque realisme il y a

Vuelve la vista atrás y busca esa evidencia
con que un objeto atrae a la palabra propia
y el uno al otro se revelan; en el mutuo contacto
experiencia y palabra cobran vida,
no existen de por sí, sino una en otra;
presentido el poema que aún no es
vuelve a clavarse firme en un punto preciso
del tiempo; y el que entonces fuimos ofrece
en las manos de entonces, alzadas, esa palabra justa.
No así; gravitan las palabras y su rotunda hipótesis
ensambla su arquitectura; más allá es el desierto
donde la palabra alucina hasta crear su doble:
creemos haber vivido porque el poema existe;
lo que parece origen es una nada, un eco.

Santa Maria della Salute

Asegurad las cosas de la muerte por agua.
Lo reflejado traiciona con su imagen,
las palabras reniegan de la carne y la piel
de las que son reflejo, con sus signos inertes.
Así insiste la cúpula en la usual idea
que suscitan las cuatro palabras de su nombre:
sus límites asienten, todo en ello acoge
la imagen convenida, atributos de muerte
en esa mansedumbre de la línea
si no fuera a la vez, al copiarse en el agua
una violencia inesperada al ojo:
que reclamen las formas, por temblar invertidas,
una actual presencia que no cumplen los signos
de su nombre, ni nubla su perfil levantado
en el aire, prevista muerte: aquí vida es agua.

Mira el breve minuto de la rosa

Mira el breve minuto de la rosa.
Antes de haberla visto sabías ya su nombre,
y ya los batintines de tu léxico
aturdían tus ojos.
---------------------Luego, al salir al aire, fuiste inmune
a lo que no animara en tu memoria
la falsa herida en que las cuatro letras
omiten esa mancha de color: la rosa tiembla, es tacto.
Si llegaste a advertir lo que no tiene nombre
regresas luego a dárselo, en él ver: un tallo mondo, nada;
cuando otra se repite y nace pura
careces de más vida, tus ojos no padecen agresión de la luz,
sólo una vez son nuevos.

Paestum

Los dioses nos observan desde la geometría
que es su imagen.
---------------------Sus templos no temen a la luz
sino que en ella erigen el fulgor
de su blancura: columnatas
patentes contra el cielo y su resplandor límpido.
Existen en la luz.
Así los pueblos bárbaros
intuyen el tumulto de sus dioses grutescos,
que son ecos forjados en una sima oscura:
un chocar de guijarros en un túnel vacío.
Aquí los dioses son,
como la concepción de estas columnas,
un único placer: la inteligencia,
con su progenie de fantasmas lúcidos.