2003

dentro de la máquina

dentro de la máquina
la mano
arrastrándose en busca
escarbando en busca
encontrando en las esquinas
la huella de un canto

dentro de la máquina
los hilos invisibles
del ojo y el cerebro
acordonando la zona
el perímetro interno
el útero bicúbico

dentro de la máquina
la voluntad sin voluntad del mecanismo
el giro de cintura
la articulación de la rodilla el codo la palabra

dentro de la máquina
la repetición
la estructura de la angustia
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina
dentro de la máquina
la máquina

Palacio de Viana

Córdoba

Mi proporción de luz a cielo descubierto
se hace aroma o silencio para que yo soporte
-y el arrayán y el azahar clavado-
su extremo de belleza entre tapiales
donde la sal sacude sus húmedas escamas.
Dejo mi propio aliento en la cancela.
Cruza un mirlo. Germina una semilla.
Seré la confidente de sus rosas –yo, deshojada ya;
yo ya desastillada de mi espejo;
yo, cauce de unas aguas clausuradas-
por este corto espacio de una tarde
tan en Córdoba y yo, tan ahora mismo,
patio o jardín que exalto y me acrecienta.

Tierra

Huelgan explicaciones: somos tierra.
No: de hueso y raíz que bajo tierra cunde
un cierto modo de avaricia;
que bajo el seco yermo, el páramo,
ansiosa busca el roce con otros pies
y la aguja frondosa que se alza al cielo aun,
tan alta y por silencios: Dios lo quiera.
Ámbares y resinas, pájaros
de terracota en su ficción de vuelo
mientras que, indemne, el árbol nos contempla.

The Art Room

for my sisters

Because we did not have threads
of turquoise, silver and gold,
we could not sew a sun nor sky.
And our hands became balls of fire.
And our arms spread open like wings.

Because we had no chalk or pastels,
no toad, forest or morning-grass slats
of paper, we had no colour
for creatures. So we squatted
and sprang, squatted and sprang.

Four young girls, plaits heavy
on our backs, our feet were beating
drums, drawing rhythms from the floor;
our mouths became woodwinds;
our tongues touched teeth and were reeds.

Derinde

I

Gövdemde sakladığım
Soğuk yıldız
Senin için

Sesin rüzgâr
Ellerin uyku

Aynı güneş
İkimizi de ısıtan.

II

Dinledim denizi
Toprağa girdim

Suyun çizdiği kalbim.

III

Yumuşaklığı ver
Gecenin saçak uçlarını

Ayaz sürüklüyor
Göçmen kuşları

Yel eğiyor
Beni sana.

Şiirin Kışı

Karların üstüne kül serpiyorsun...
Bir bulut gagası kesmiş o solucanı,
Kıvranıyor acıdan...

Düşün bütün olanları,
Güneşe küsen sarkıtı anla

Baban sarhoş, eve kömür gelmiş
Anla, gözyaşlarıyla erimez bu kar!

Gerçek ve Soğuk

I. ANIMSAYIŞ

Bulutun karnı,
Güçlü bir rüzgârla geriliyor
Bir çanın düzensiz sesi,
Duyuluyor uzaktan
Ansızın bir kılıç: kıvrandırıyor
Şimşeği

Sesin karşılaştığı yerde:
İstekli tarlalar

Çıplak kayalar,
Kibirle geri çeviriyor suyu.

II. GÖZ

Kavaklar, telgraf direkleri
Cırcırböceği,
Hiç susmuyor

Zeytin ağacı
Ezik otlarla

Sinsi
Her şey

Ve ardıçkuşu:
Bir konuşmayı
Dinler gibi

Çok uzakta insanlar
Som dikenler sarayı
Acı:
Toprakta
Ve yüzünde yol bekçisinin.

III. ANLAMAK

Kaygı:
Ağırlığı ırmağın

Güneş,
Batmak üzere
Kuş, yuvasını deriyor

Bir gömüt:
Karanlığın gergin dokusu
Yiten gölgeler,
Kuşları ölümsüzleştiren yel

Sis,
Saklıyor yüreksiz yüzünü
Sabırlı nesneler
Yazgının inceliği.

IV. KÜL VE ATEŞ

Ölülerimiz,
Gözçukurlarında
Renklerin olgunluğu

Sıyrılır gibi bir utançtan
Orada öyle durmadalar

...Sonsuz bir bakışın yansıması

Düzensiz bir ses
Güvercinli bir el
Gizli bir uyum

Büyüyen bir evren ağızlarında.

Buscame en el paredón

Buscame en el paredón. Allí, en las murallas de la ciudad de Kaffa; allí donde los tártaros capturan cadáveres infectados; allí en el año 1346. Buscame donde se arrojaban las cabezas de los soldados cautivos; sobre los muros de las fortificaciones. En la ejecución. Cerca del fusilero de montaña; pero del otro lado. Cerca del soldado de infantería. Del otro lado. En el charco. Descruzo las piernas, la blandura abundante de la pared no te retiene. Hay un derrame como de saliva aspirada. Descruzo las piernas. Me bajo de la cama. Se evapora. El charco que limpio con un trapo. Sobre el piso. Buscame en el paredón. En el charco sobre el piso, como práctica fenicia adorando el sexo del sacerdote. Y un derrame de saliva, y la muerte de los cristianos en el año 203, y los pies que se nos enfrían. ¿Acaso, ese charco, lo habremos hecho juntos?

Hijos del devenir

Descubren que no es cierta
la sentencia: "Sólo un camino conduce
al bien, e infinitos, al error".
Equivocarse no es errar. Lo
formulan en la dicha que los asalta
cuando estampan una respuesta,
o cuando deben decidir entre el viaje
y la calma. Un punto en el mapa
se actualiza en cientos de planos y placeres
imprevistos, en miríadas de sorpresas,
en espantos incontables. Un día
los encontré: se asemejaban
a humaredas, que prometían
calor en un hogar remoto
y perseguido. Como ellas, se esfumaban
al tocar su entraña, que no era,
que no los habitaba... Imaginé
entonces que nada podría seducir
tan agriamente el corazón, y
di en ensayar sus movimientos
y sus bellas mutaciones. Os confieso
que fui fiel a esa senda serpentina,
a ese sendero siempre abierto hacia
otras nuevas direcciones. Os confío
una verdad que allí aprendí: no
se renuncia ni a la muerte al devenir.
Siempre el reposo se hace guía.
Siempre la guía se desprende
hacia otro fin. Siempre es un fin
que se proyecta al paradero que
dejamos sin visita. Oscuros
nombres sustituyen viejas fórmulas
de estricta idolatría. Ya no eres
más quien eras. Te prohijaron mares cálidos,
ciudades blasonadas, confusas
lenguas. No eres ya más
quien dijo: "De una vez". Te
apadrinaron estaciones, bocas de
metro, tarjetas postales, o las persianas
de un hotel donde fugaste de tu ser.
No perfeccionas una línea
que trazaste única: como el sol,
como la noche, como el fuego
y como la marea, alcanzas los átomos
de la intensidad, luego te eclipsas.
Y procreas devenires sin parar.

El alma oblicua

Si me concedes el beneficio de la duda,
hallarás tesoros refulgentes
cuya luz dimana ese pasado que,
buscando en mí, descubres, pues te
ofrezco. Mas también podrás
embriagarte con vetustas casas de
dos pisos, cámaras de sueños tendidos
al verano, bargueños disfrazados
de escritorios o terrazas donde
clivias y geranios velan la almohadilla
rota de un remoto y gato gris.
Piénsalo bien. Allí, el más
diáfano de los colores halla su sombra
desprendida. En sus brillos puedes
ofuscarte y aun caer. No es traidor,
tal vez, quien hoy te avisa.
Y no es que quiera transmitirte
una oscura noticia que peligro
llamas y amenaza. Sólo quiero
desbrozar futuras selvas con presentes
comuniones. En mí abocan
hondonadas. Precipicios aparecen en el
llano. Soy la ruta esquiva y sinuosa
en el plano inmaculado. La sesgada
dirección de toda línea. Alma
oblicua que ama, al fin, la rectitud.